¿Demasiado gordos (y demasiado tontos) para la guerra?
A uno le entran sudores fríos cuando lee cosas como esta:
Pablo Pardo-El Mundo
Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos han encontrado un nuevo y mortal enemigo. No son los Artefactos Explosivos Improvisados (IED) de Afganistán e Iraq. Ni los misiles norcoreanos o el programa iraquí. No, esta vez se trata de la gordura de los soldados. Según el último Informe de supervisión sédica del Departamento de Defensa de Estados Unidos, casi el 5% de los soldados estadounidenses sufren problemas de obesidad. La cifra podría ser más alta, porque sólo recoge a aquellos militares a los que las autoridades médicas califican como obesos. En muchos casos, sin embargo, los facultativos no recogen esa enfermedad en sus partes.
La tendencia, además, es abrumadoramente al alza. En 2003, apenas entre el 1% y el 2% de los militares estadounidenses tenían sobrepeso. En su estudio, el Pentágono explica que este problema es, en realidad, consecuencia de las Guerras de Iraq y Afganistán, con sus secuelas de ansiedad y problemas psicológicos. No sólo eso: la epidemia de obesidad que afecta a Estados Unidos —y, con él, a gran parte del mundo— se combina con problemas educativos y legales puede tener consecuencias muy graves para la defensa del país. Nada más y nada menos que un 75% de los jóvenes estadounidenses de entre 17 y 24 años de edad no cumplen los requisitos físicos e intelectuales necesarios para alistarse en las Fuerzas Armadas, según las estadísticas oficiales. De hecho, el ex comandante en jefe del Alto Estado Mayor John Shalikashvili, ha declarado que “nunca hemos tenido este problema de obesidad entre los jóvenes”.
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Anestesia, experimentación e integrismo religioso
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Anestesia es el nombre de una niña. Y también es el nombre de una técnica de sedación que permite realizar intervenciones quirúrgicas sin sufrir dolor. Anestesia vino al mundo a mediados de diciembre de 1847, y gracias al uso de productos anestésicos su madre no sufrió los típicos dolores del parto. El padre de la criatura (del anestésico no de la niña) fue el doctor James Young Simpson, el cual probó por vez primera el uso del cloroformo en las intervenciones en lugar de éter. El éter se usaba de forma típica como anestésico, pero tenía varios efectos secundarios; tiene un olor muy desagradable, provocaba fuerte tos e induce el vómito. El cloroformo se ofrecía como un compuesto algo más seguro. Pero usarlo era algo innovador, no había ni una sola referencia acerca de las propiedades de este compuesto, por lo que afirmar que podía ser útil era gratuito. Este doctor, junto con sus ayudantes hicieron algo que algunos amigos de la medicina alternativa no están dispuestos a hacer, probaron el cloroformo en sus carnes. El médico junto con sus dos ayudantes cayeron dormidos, y posteriormente demostraron que una persona bajo los efectos de este compuesto podía ser rajado sin sufrir dolor. Fue un gran avance en el que sus descubridores se jugaron la vida. Posteriormente comprobaron que el cloroformo no inhibía las contracciones del útero durante el parto, con lo que parecía un compuesto con el que se podía emplear durante el parto. Ahí nació Anestesia. Tras más de 50 intervenciones en las que el cloroformo posibilitó las operaciones sin dolor, el doctor Simpson publicó sus resultados y los comunicó a la comunidad científica. Hoy en día el cloroformo se ha sustituido por compuestos mucho más seguros, pero en su momento fue una revolución.
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De un potingue a un medicamento media un abismo
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El diseño, elaboración y comercialización de un medicamento es un proceso largo y tedioso. Exige muchas demostraciones y cumplir largos protocolos de ensayos. Hay muchas formas de saltarse todos esos controles. Uno de ellos consiste en asegurar que lo que tienes no es un medicamento, sino un suplemento. Aún y así en esos casos hay que demostrar la no toxicidad del compuesto. Y no se puede vender como un tratamiento para una enfermedad, sino como un apoyo o suplemento a otro tipo de terapias. Otra forma de saltarse los controles es comercializarlo sin permiso, sea vía internet, venta en parafarmacias o en determinados domicilios o clínicas. Ahí se corre el riesgo de cometer un delito, o si no existe toxicidad, ver rebajado el calificativo de medicamento a suplemento alimentario,
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De los shedus a las bichas. Un periplo por el Mediterráneo.
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Hoy tenemos el privilegio de contar con un artículo de Lampuzo. Muchos de vosotros ya conoceréis su web: http://lampuzo.wordpress.com/ Para los que no, desde aquí os animamos a visitarla. Y sin más preámbulos os dejamos con este estupendo artículo:
De los shedus a las bichas. Un periplo por el Mediterráneo.
Por Lampuzo.
El mar Mediterráneo no es tanto un mar como varios mares, unidos por estrechas vías de agua entre islas y promontorios que, a menudo no resulta sencillo distinguir entre sí. El mar Jónico y la cuenca del mediterráneo occidental fueron mares de limitado uso para la navegación hasta prácticamente el siglo XVI d.c., restringiéndose la práctica maritima en el segundo milenio a.c. exclusivamente a las rutas de cabotaje – intinerarios establecidos sobre corrientes y vientos favorables – desde Rodas y Creta al norte de África, así como entre Siria y Chipre, Creta ó Sicilia., aunque el término “navegación”, se aplicaba a embarcaciones de remos que utilizaban velas, aunque éstas últimas se trataran de un “gran bolsa” aprovechable exclusivamente con vientos que entraban “en popada”, con la particularidad que se trataba de una práctica estacional – aproximadamente del cinco de mayo al veinticinco de octubre, según Hesíodo – como consecuencia de la debilidad de las embarcaciones en su confrontación con los fenómenos naturales del mar. Las ayudas a la navegación anteriores al primer milénio a.c. eran exiguas y se fundamentaban en la pericia de los pilotos, – aunque se conozca la utilización de pájaros (fundamentalmente cuervos ó palomas…) para establecer la posición de deriva con la costa – y es sólamente con la aplicación de los conocimientos astronómicos, cuando ésta situación cambiará sustancialmente permitiendo la expansión de las culturas milenárias de Oriente hasta, según la visión de estos marinos y comerciantes, los extremos más remotos de éste mar.
¿Campaña de camiones avícolas ateos en Andalucía?
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Iba yo conduciendo en Málaga bajo una lluvia cansina hace tres días cuando me encontré con este blasfemo camión al que solo pude sacar esta precipitada foto. De no ser por la foto pensaría que me habían engañado mis ojos. O eso o a lo mejor Richard Dawkins se había vuelto camionero.
Afortunadamente hoy le he podido seguir el rastro en internet. Y no, no es una campaña de camiones ateos. Es sólo un camión de una granja de Córdoba que ha lanzado una jocosa campaña de marketing para promocionar sus productos avícolas, y entre ellos, las pollas, claro. En ese sentido, supongo que ningún fundamentalista religioso se sentirá molesto por el lema, puesto que la interpretación literal de la frase en realidad no es ofensiva, y ellos siempre interpretan los textos de un modo literal.
Puede ser peligroso debatir con creacionistas: “el caso Plimer”
Fuente: EUSTOQUIO MOLINA (Revista el Escéptico)
Pleitear con los pseudocientíficos supone un cierto peligro para la salud y la economía de cualquier científico, por prestigioso y famoso que sea.
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Dice el refrán popular: pleitos tengas y los ganes. Pero no sólo basta con ganarlos, sino que también hay que tener suerte de que no surjan complicaciones. La analogía se puede hacer extensiva a las guerras, en las cuales tanto los vencedores como los vencidos sufren un desgaste considerable y, por tanto, puede generalizarse la afirmación: en las guerras todos pierden. Lo ocurrido en Australia al profesor Ian Plimer ilustra sobre el poder de los pseudocientíficos y el peligro al que están expuestos los científicos que osan combatirlos pleiteando con ellos. Ha habido muchos paleontólogos y biólogos australianos que han alzado la voz para criticar la ciencia creacionista, pero el más activo y valiente ha sido Ian Plimer, geólogo especialista en Mineralogía, quien, una vez obtenida la cátedra en 1985 en el Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Melbourne, pensó que era su obligación profesar su disciplina en público combatiendo a los creacionistas científicos. Así, difundió sus preocupaciones respecto a los valores científicos y de educación del creacionismo en la literatura profesional y, por eso, fue inmediatamente atacado en público y amenazado de querella por los grupos creacionistas. En Estados Unidos, los grupos científicos y religiosos que combatían al creacionismo trataban a los creacionistas al mismo nivel y discutían desde una posición de debilidad.
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Muere el último miembro de una tribu y, con él, una lengua y una cultura
Miguel Ángel Gayo Macías – El Mundo
La semana pasada murió Boa, una mujer de 85 años que era la última persona viva de la etnia Bo. Esta tribu, que habitaba las islas indias de Andamán desde hace 65.000 años, estaba considerada una de las más antiguas de la tierra. Con la desaparición de los Bo ya sólo quedan vivos 52 integrantes de la etnia ‘Gran Andamanese’, que comprendía diez tribus distintas entre sí. Cuando en 1858 los ingleses colonizaron el subcontinente indio, había más de 5.000 ‘Gran Andamanese’, que llegaron a ser conocidos por su resistencia a cualquier contacto con personas ajenas a su comunidad.
Según los antropólogos, la extinción de los Bo es consecuencia directa de su aislamiento, la modificación de su entorno y su incapacidad para integrarse o coexistir con otras comunidades. Para algunos, como la lingüista Anvita Abbi, a la irreparable pérdida cultural que supone el final de un cultura se une el drama personal de Boa, la anciana Bo que pasó los últimos años de su vida sin nadie con quien poder conversar en su lengua materna y sin una persona afín a su cultura con la que poder evocar recuerdos.
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Paradojas en Menéame (o manda huevos que diría Trillo)
Son curiosas las paradojas que te da la vida. Una noticia de este blog, aquella que denuncia la magnetoterapia ha acabado en Meneame. Hasta ahí algo normal en la dinámica de blogs. Lo curioso es que este artículo, que es una clara denuncia a la estafa que supone el método llamado par magnético, aparece sobre un anuncio publicitario de la Imanoterapia. En fin, otra anécdota poco graciosa de este loco mundo. ¡Y es que así no hay manera!

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El biomagnetismo analizado con cámara oculta
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Como complemento al artículo Biomagnetismo:¿los charlatanes no son peligrosos? ofrecemos este documento obtenido en Costa Rica. No tiene desperdicio.
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El CSIC visto por Forges en esta época de recortes
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